Daniel Ruiz Segovia ha sido condenado a 28 años de prisión, después de lograr que, hasta en cinco ocasiones, su novia se arrancase un diente, como castigo por las supuestas infidelidades cometidas. La Audiencia Provincial de Málaga relata, en su sentencia de 3 de febrero último, el escalofriante caso de esta pareja, en el que la situación de dependencia emocional y absoluto desvalimiento de ella, propició toda clase de vejaciones, menosprecios, humillaciones y agresiones.
La psicología difícilmente podrá explicar cómo la víctima, por medio de unas tenazas, llegó a mutilarse las cinco piezas dentales, para satisfacer las exigencias de su pareja sentimental, quien, al parecer, no le bastó para calmar su desagravio, con la primera, con la segunda, con la tercera, ni con la cuarta. Posiblemente la quinta tampoco le pareció bastante a este individuo. Razona el Tribunal que aunque el autor instrumental fue la propia víctima, «no obstante, ésta era un simple instrumento en manos del acusado, una simple marioneta, en expresión reveladora de la víctima». Fue en el tórrido mes de agosto de 2013, cuando vio la ocasión de pedir refugio en un bar, en la localidad de Vélez Málaga, donde el asombrado camarero la puso en contacto inmediato con las fuerzas del orden.
La atormentada joven venía sufriendo además, el encadenamiento, patadas y puñetazos y lesiones de similar alcance, sin que se le permitiese luego acudir al médico, para sanar las importantes heridas que sufría. El museo de los horrores no conoce sufrimientos tan pavorosos como los padecidos por esta pobre mujer y ni la justicia ni el derecho serán jamás capaces de castigar, con suficiente contundencia, tropelías que escapan, de tal forma, al más primitivo de los razonamientos humanos.