Cuando contaba sólo con 17 años, estableció contacto con un adolescente de 14, a través de la red social Tuenti. Hasta entonces eran apenas conocidos de vista. Al principio se intercambiaron mensajes sin la mayor relevancia que, poco a poco, adquirieron fuerte contenido erótico. Después, llegaron las prácticas sexuales, que continuaron cuando el primero llegó a la mayoría de edad, con el total consentimiento de su novia. Nunca medió violencia, pero el mayor de ellos gratificaba al menor con pequeñas cantidades de dinero y otras dádivas en especie, como tabaco, preservativos, alcohol y hierba.
La madre del menor de estos chiquillos tuvo noticias, sin embargo, de lo que con su hijo ocurría y, angustiada como sólo una madre en estos casos puede estarlo, presentó denuncia, ante la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de San José de Zaragoza, donde al instante, se adoptaron las inmediatas diligencias encaminadas a la averiguación de los hechos y la detención del culpable. Ocioso es decir que, en casos como éste que aquí comentamos, existen diversos protocolos cuyo cometido es coordinar las actuaciones policiales, sociales y educativas que deben seguirse.
La Audiencia Provincial de Zaragoza sostiene, en su sentencia de 15 de junio último, que no concurrió engaño, ni intimidación, que no puede decirse siquiera que el mayor se haya prevalido de la diferencia de edad entre ellos, que esta diferencia –dice– no resulta significativa. Pero la contraprestación, los regalos y las pequeñas cantidades económicas sí se han considerado determinantes del consentimiento que prestó la víctima, constituyeron la clave de la conducta corruptora y, en consecuencia, ha condenado al denunciado a cumplir la pena de tres años y seis meses de prisión y multa. En sus impecables argumentos jurídicos, esta resolución recuerda que la palabra prostitución por su significado etimológico y actual, no tiene necesariamente que referirse a la realización por precio del acto sexual pleno, sino que puede abarcar cualquier depravación en el consumo carnal de cierta importancia, medida ésta por la repulsa social que provoca.